El verano ya llegó

Uffff, llevo varios días con intención de sentarme a redactar este artículo para Ávaro, de Paterna Ahora, pero pasan las horas, los días y aún está por hacer. Hoy ya toca, de hoy no pasa.

Y tendrá que ser en la playa. Cogeré pues lápiz y papel y, entre toallas y sombrillas, aguardaré que me lluevan las ideas y se conviertan en cerca de 750 palabras que completen “la columna del gato”, de Paterna Ahora.

Papel y boli en primera línea de playa, mientras cientos de veraneantes pasean sus torsos desnudos al sol. Bien, a ver qué tal se dá.

Temas, lo que se dicen temas, sí que los hay, pero que susciten interés del lector para que no deje de leer al segundo párrafo, esto ya no es tan fácil.

¿De qué hablar en la columna de hoy? Cosas que trae este verano: incendios, inundaciones, el mundial, la política, Bertín,  … mmmm, no sé.

Bueno, ya en la playa, en primera línea de mar, abordo el artículo.

La verdad, aquí sentadito tostándome al sol, lo primero que me viene al interior del cogote son los incendios propios del verano. Tan propios de este tiempo como la inoperancia y dejadez de algunos en las nulas o ineficaces políticas de prevención. Llueve sobre mojado.

Y qué decir del tema del agua. No me extrañaría nada que próximamente nuestro pueblo firme algún hermanamiento de esos con la ciudad de Venecia. En algo se va pareciendo nuestro pueblo a la ciudad de los canales cada vez que aquí caen unas gotas de más.

En fin, también llueve sobre mojado.

Qué espectáculo. El de aquí de la orilla, digo.

Ah sí, también el de muchos de nuestros dirigentes.

A lo nuestro.

Unos minutos contemplando al personal andante, y puedo asegurar que la playa no entiende de clases. La playa iguala a la multitud.

Me explico. Gentes de cero a noventa y nueve años. Blancos y morenos, altos y bajos, anchos y estrechos. Entiéndase por gentes, tanto al género masculino como el femenino.

Aquí no se adivina la riqueza, ni la pobreza, ni al banquero, ni al parado, ni al fontanero, ni al funcionario ni al autónomo.

Ni al que ofreció las preferentes ni al que las adquirió.

Ni al que ganó este año la liga ni al que descendió.

La playa iguala a la multitud. No entiende de clases sociales. Paseando por la orilla de la playa no hay diferencias significativas.

Esto es como la pasarela Cibeles, pero intergeneracional y con modelos no profesionales. Sin nervios y sin andares sinuosos. Auténtico sabor mediterráneo. Más quisieran los de la meseta tener esto. Allí no hay playa, vaya vaya.

Acomodado sobre mi toalla, a tres metros de la orilla, decenas de personas circulan frente a mí de manera tranquila y sosegada. No hay prisas, ni oficina, ni estrés, ni fútbol ni noticias. No hay móviles, ni tecnología, ni alarmas ni relojes. No hay mundial que valga.

Los cuerpos, ligeros de ropa, muestran con naturalidad si la dieta del personaje en cuestión también es mediterránea y ligera.

Algunas carnes cuelgan y otras permanecen firmes y tersas al cuerpo.

Algunos tatuajes ven por fin la luz.

Mientras tanto, avioneta aquí, avioneta allá. ¿Alguien se fija en su publicidad?

Contemplar el paisaje a ras de suelo es como estar viendo un documental de la dos, de mamíferos, cetáceos y pezqueñines, o alguna película de Disney, como la Sirenita o La Bella y la Bestia.

O un reportaje de gorras, pamelas y sombreros. O de gafas de sol, bañadores, bermudas y tatuajes.

Chanclas, cubos, palas, sombrillas y neveras.

Sillas, sillitas, tumbonas y hamacas.

Manguitos, pareos, raquetas, palas y pelotas.

Es como un todo a cien.

La playa iguala a la multitud. Los todo a cien también.

Y la playa, como los todo a cien, atrae a bebés, niños, jóvenes y mayores. Encuentro entre generaciones.

Bebés recién despojados del cordón umbilical posan desnudos al sol en brazos de sus progenitores.

Personas mayores, agarrados del bastón o del brazo de un familiar, dan vida a sus días y alargan así sus memorias.

Ufff, ¿qué hora es? Ya es hora de ir finalizando el artículo. Ahora toca remojón.

Primero unas palmaditas de agua en la nuca, las muñecas y el cogote, y hacia adentro.

El primer remojón playero del verano.

Mientras nado unos metros mar adentro, veleros a lo lejos me hacen pensar en una realidad.

Mientras todos aquí en la playa pisamos la arena, y todos pilotamos, allá a los lejos sólo unos pocos navegan.

Como en la vida real.

El verano ya llegó.

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