Mejor sin anestesia

Cuando estas líneas se deslicen bajo tus ojos, querido lector, nuevas y buenas noticias se celebran al otro lado del teclado hachepé de mi despacho.

Fue César el otro día el que nos puso al tanto de una de ellas. El email decía así: “El proyecto de Circo Social La Finestra Inclusiva ha sido galardonado con el Premio Infancia 2014 por la Generalitat Valenciana”. Genial, vaya tela. Notición. Pudimos disfrutar de su espectáculo el pasado 30 de mayo en el teatro Capri.

Un proyecto hermoso de intervención social desarrollado en nuestro pueblo gracias a la apuesta y el compromiso de la asociación Acció Social La Cambra. Felicidades Jose.

Y muchas felicidades a sus verdaderos protagonistas Leslie, Emily, Quico, Andrés y Víctor.

Compromiso, innovación, creatividad y talento al servicio de las personas. Hacer para transformar, qué maravilla.

Y es que las buenas noticias nunca vienen solas. Tampoco la innovación, la creatividad y el talento. Estas suelen ir de la mano.

Y si a estas sumamos emprendimiento, coherencia, compromiso, corresponsabilidad, transparencia, dignidad humana y responsabilidad social, aparece en escena un nuevo proyecto de emprendimiento social, Sociolidarios.

Una nueva iniciativa de emprendimiento social, de ámbito nacional, que nace para poner en valor los proyectos empresariales y sociales para hacer del mundo un lugar más justo, solidario y sostenible.

Grupo Comunicación, a través de su director Álvaro González, ha sido la primera empresa paternera en firmar el convenio de colaboración con Sociolidarios, con la intención de implantar una nueva política de empresa más social y más comprometida.

Felicidades Álvaro por el compromiso en hacer una sociedad más justa y más avanzada a través de la responsabilidad social.

Entre otras cosas, para eso nace Sociolidarios, y para eso, entre otras cosas, aprobó el gobierno el pasado mes de octubre la Estrategia Nacional de RSE 2014-2020.

Para que este país avance, y de verdad. Y no lo hará mientras no lo hagamos las personas.

Y se ha aprobado, entre otras cosas, para que las empresas, las administraciones públicas y el resto de organizaciones avancemos hacia una sociedad más competitiva, productiva e integradora.

Hacer para transformar. Si no, no hay cambio. Hay que preguntarse qué sociedad queremos, y qué estamos haciendo para ello. Qué sociedad queremos para nuestros hijos, y que estamos haciendo para ello. O, ¿miramos hacia otro lado? ¿mejor con anestesia?

Ya está bien.

No dejemos que nadie maneje los hilos, nuestros hilos, a su antojo, con el poderoso poder de la seducción, distracción y entretenimiento, y sedación.  Algo así como la anestesia general.

Reconozco que a veces, solo a veces, da miedo salir de ella y caminar a pleno pulmón. Pero … cómo cambia la cosa.

Pero no es fácil librarse de ella, pero hay que hacerlo. Ella, la anestesia.

Si no fuera por ella, quizás no habría noticias llenas de sobres, paraísos fiscales y tarjetas black.

Si no fuera por ella, quizás la sociedad no permitiría que hubiera en el poder personas con trastornos leves de personalidad que ostentan cargos de responsabilidad. Y digo leves porque los graves-graves suelen ser evidentes y detectarse a tiempo.

Con ellos, y con jefes, responsables y coordinadores que padecen obsesiones, delirios de grandeza y poder, percepción distorsionada de la realidad, o simplemente, ataques profundos de envidia cochina.

Y están cerca, muy cerca. Algunos trabajadores de nuestro alrededor están aprendiendo a convivir con la angustia y la depresión. De sol a sol. Con la angustia, la depresión y con el miedo.

Es lo que tiene la anestesia. Es lo que tiene el miedo. Que no permite que cambie nada, si no a peor.

En plena crisis económica, crisis de valores y crisis de referentes positivos para nuestros hijos, es cuando deberíamos contar con los mejores jefes, responsables y líderes. Líderes que se enfrenten con cordura, lucidez y valentía a las necesidades reales de la sociedad del siglo XXI y de sus gentes.

Hay que estar convencido y coger aire, mucho aire. Aire fresco que llene los pulmones y te andar digno y orgulloso.

Y es placentero, muy, muy placentero. Y liberador.

Por eso, mejor sin anestesia.

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